Un lunes cualquiera de una mañana de marzo.
El viento se colaba por la ventana golpeando mi larga melena castaña, haciendo que se despeinase con el golpe de la brisa fría.
Las calles estaban húmedas, por la ya caída lluvia y yacían algunos pequeños charcos en ellas.
Las calles aún seguían vacías, era pronto para que en ellas caminase la gente estresada, jugasen los niños, y parejas paseasen por ellas.
Perdida entre las letras de 'Awake All Night' de Cody Simpson, analizaba todos pequeños los detalles de la calle.
Una simple rutina que constantemente se repetía, todas las mañanas a una misma hora, un mismo coche de color azul noche, pasaba por las calles con un mismo destino.
-¿Has estudiado? - Pregunto una voz femenina proveniente de mi izquierda.
Apenas me inmutaba, estaba perdida en las estrofas de aquella pegadiza canción.
-Angeles... ¿Me estas oyendo? -Repitió una misma voz.
-Eh...¡Ah si! Si he estudiado.
Se empezaban a ver coches de distintos colores, y gente saliendo de ellos.
Espere a que el espacioso coche de parase enfrente de aquel infierno para poder bajar de el.
Empezaba un día como muchos otros en aquel centro que todos, o casi todos odiábamos, la gente lo llamaba instituto, pero aquellas puertas nos parecían las puertas al infierno.
La castaña chica subía escalón tras escalón, mientras el timbre de entrada soñaba con su estruendo sonido, primera hora del lunes y llegaba tarde tarde.
Sus dedos, índice y corazón se enlazaban formando una cruz y súplicas en formas de susurros salían de su boca mientras se dirigía a su correspondiente aula.
"He llegado." Se decía la chica a sí misma al ver que al entrar por la pequeña aula, no estaba el profesor de matemáticas.
Caminaba con decisión hacia su habitual sitio, donde allí le esperaba su mejor amiga, Verónica.
Las miradas que se fijaban en ella, la hacían incomodarse, en sus mejillas empezaba a correr sangre hirviente, provocando un suave rosado en ellas.
-Buenos días enana -Dijo la morena con puntas rubias.
Dos besos, y un insulto cariñoso.
Así comenzaban las mañanas para estas dos curiosas chicas que siempre se sentaban al final de la clase para pasar desapercibidas.
Un hombre de aparentemente cincuenta y pico años, entro por la puerta abriendo un maletín color chocolate, y sacando de el, unos cuantos folios que puso sobre su mesa.
Cogió un blanca tiza, y en aquel encerado con restos del objeto blanquecino escribió en ella.
"Viernes de esta semana, examen de Matemáticas."
¿Qué? ¿Examen? Las matemáticas era lo peor que llevaba, y si encima entran las derivadas, estamos buenos. No las entendía, es más me aburrían y pasaba de ellas. ¿Para qué me servirían en un futuro? Nada.
Yo quería dedicarme a la música, o algo de eso, no a las matemáticas.
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